El problema de Detroit


“Habíamos ganado. Era nuestra batalla y la habíamos ganado”.

Uno de los testimonios de “Requiem for Detroit?”, de Julien Temple, desgrana las razones por las que el enfrentamiento con la policía y las fuerzas represivas resulta en una batalla triunfal cada día, y, a su vez, una victoria algo ambigua. En una ciudad dónde se cerraron 29 escuelas públicas el año anterior a la realización del documental y el 49% de la población es analfabeta, tirarle una piedra a un poli o prenderle fuego a una casa abandonada es una victoria algo pírrica.

Hace dos años escribí aquí sobre el documental de Temple. Las imágenes de Detroit, en ese momento tan frías y bellas para muchos medios, ahora se nos presentan desde este lado de la debacle como el aviso de una distopía segura. Temple cuenta que esto pasó en el corazón de la industria automovilística estadounidense, pero podría pasar en Manchester, Barcelona o cualquier ciudad europea.

Y, aún así, Temple decidió poner ese interrogante al final del título. Esa narración audiovisual, que funciona como arco explicativo del capitalismo -con esos paisajes postapocalípticos tan espectaculares, esa música y esos testimonios que narran el horror exacto de vivir sin expectativa- contienen, para él y para muchos, un halo de esperanza. Temple graba a jóvenes desempleados que llegan de otras ciudades y empiezan desde cero en un lugar tan extraño, tan literalmente marciano como Detroit: cultivan la tierra y comen y viven de lo que obtienen del suelo. Explica incluso que muchos han acabado creando sus propios restaurantes, pasando así de una economía de subsistencia a, quizás, una refundación de ese capitalismo sin garantías. Eso es algo tradicional en las fantasías apocalípticas: volver a la tierra para regenerar el sistema.


Pero Temple se olvida de una cosa: los que están cultivando la tierra son los chicos blancos que no pueden vivir de su trabajo en Nueva York, Los Angeles o San Diego. Los que queman casas y fuman crack son los negros de Detroit. Para ellos no parece haber interrogante. Para ellos no parece haber nada.

 

Caramelos para todos // Caramels per tothom

La historia es un encadenamiento.

La debacle económica que estamos viviendo (y sufriendo) viene trayendo cosas extrañas a nuestras casas. En los informativos de todas las cadenas tenemos a niños pobres y desnutridos en hospitales del Baix Llobregat, abuelas acampando en las plazas catalanas, deshaucios en cada uno de los barrios conocidos y comedores sociales en la zona alta de la ciudad. Esto es así. Y ante eso, nadie queda impasible, claro.

Tenemos las cifras de desempleo más altas de la historia, la distancia entre ricos y pobres es la mayor de todos los tiempos y la gente no ve futuro. Pero eso son solamente conceptos. Una cosa es decir “bajo el lindar de la pobreza” y otra cosa es decir “María tiene ocho años y no come desde el martes”. Yo lo sé. Usted también lo sabe. Lo sabemos todos. La Generalitat de Catalunya también.

Es por eso que una Marató de la Pobresa se gesta con la idea de aliviar esa horrible sensación, la que provoca este enunciado: “María no come desde el martes”. ¿Quién puede permanecer impasible ante eso? Esto es lo que pasará mañana: una gran cantidad de ciudadanos catalanes llamarán a los teléfonos que habilitará la televisión pública (cuyos presupuestos están financiados en un 85% por la Generalitat de Catalunya) para donar un dinero para que María coma. Porque María es pobre.

La historia es un encadenamiento.

Y María es pobre porque sus padres están en el paro y el gobierno no palía esa situación, sino que la perpetúa: ha recortado en ayudas sociales y en subsidios de desempleo. María no come porque vive en la calle, porque su familia está deshauciada después de no poder pagar una hipoteca que le financió una de las entidades que patrocinan La Marató contra la pobresa. María está desnutrida y los servicios sociales han sido recortados en un 45% en los últimos tres meses. Por el gobierno que organiza, gestiona y promulga esta iniciativa. La Marató.

Porque esta Marató es doble o triplemente perversa: es un encargo directo de un gobierno cómplice de los bancos en una estafa a gran escala, promovido y aupado por las mismas entidades que provocan diariamente la brecha social y con compañeros de mesa que buscan lavar su imagen pública, cuando no su dinero.

La historia es un encadenamiento: la pobreza trae hambre. La pobreza trae otras cosas, también. Ya veremos cuales. Pero la pobreza proviene de algo, también. Así que revisando los videos que anuncian el despropósito que mañana asolará Catalunya, quien no encadene ideas será complice de lo que sufriremos mañana, que no es otra cosa que una repetición de las carmencitas polo entregando caramelos a los niños mocosos de antaño, a las Marías previas.

Desde mi casa, revisando los youtubes que no he querido ver hasta ahora, contemplando a Manu Guix desgañitarse ante el piano con Elena Gadel, diciendo que «hay días que hay que luchar» y pienso: la historia os juzgará, por cómplices, por no hacer el mero ejercicio de encadenar ideas. A ellos y a todo aquel que se niegue a encadenarlas mañana.

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La història és un encadenament.

La debacle econòmica que estem vivint (i patint) porta coses estranyes a casa nostra. Als informatius de totes les cadenes tenim a nens pobres i desnodrits als hospitals del Baix Llobregat, àvies acampant a les places catalanes, desnonaments en cada un dels barris coneguts i menjadors socials a la zona alta de la ciutat. Això és així. I davant d’això, ningú queda impassible, clar.

Tenim les xifres d’atur més altes de la història, la distància entre rics i pobres és la major de tots els temps i la gent no veu futur. Però això són només conceptes. Una cosa és dir «sota el llindar de la pobresa» i una altra cosa és dir «Maria té vuit anys i no menja des de dimarts». Jo ho sé. Vostè també ho sap. Ho sabem tots. La Generalitat de Catalunya també.

És per això que una Marató de la Pobresa es gesta amb la idea d’alleujar aquesta horrible sensació, la que provoca aquest enunciat: «Maria no menja des de dimarts». Qui pot romandre impassible davant això? Això és el que passarà demà: una gran quantitat de ciutadans catalans trucaran als telèfons que habilitarà la televisió pública (els pressupostos estan finançats en un 85% per la Generalitat de Catalunya) per donar uns diners perquè Maria mengi. Perquè Maria és pobre.

La història és un encadenament.

I Maria és pobre perquè els seus pares estan a l’atur i el govern no pal·lia aquesta situació, sinó que la perpetua: ha retallat en ajudes socials i en subsidis d’atur. Maria no menja perquè viu al carrer, perquè la seva família està desnonada després de no poder pagar una hipoteca que li va finançar una de les entitats que patrocinen La Marató contra la Pobresa. Maria està desnodrida i els serveis socials han estat retallats en un 45% en els últims tres mesos. Pel govern que organitza, gestiona i promulga aquesta iniciativa. La Marató.

Perquè aquesta Marató és doble o triplement perversa: és un encàrrec directe d’un govern còmplice dels bancs en una estafa a gran escala, promogut i ajudat per les mateixes entitats que provoquen diàriament la bretxa social i amb companys de taula que busquen rentar la seva imatge pública, quan no els seus diners.

La història és un encadenament: la pobresa porta fam. La pobresa porta altres coses, també. Ja veurem quines. Però la pobresa prové d’alguna cosa, també. Així que revisant els vídeos que anuncien el despropòsit que demà assolarà Catalunya, qui no encadeni idees serà còmplice del que patirem demà, que no és res més que una repetició de les carmencitas polo lliurant caramels als nens mocosos d’abans, a les Maries prèvies.

Des de casa meva, revisant els youtubes que no he volgut veure fins ara, contemplant a Manu Guix esgargamellar davant el piano amb Elena Gadel, dient que «hi ha dies que s’ha de lluitar» i penso: la història us jutjarà, per còmplices, per no fer el mer exercici d’encadenar idees. A ells i a tot aquell que es negui a encadenar-les demà.

Soy yo, soy Mamá

A raíz del segundo programa de El Diferencial, que trataba la maternidad, me puse a pensar en las malas madres.

¿Qué es lo peor que puede hacer una madre? Lo peor. Pensemos en lo peor.

Desde hace un par de días veo una y otra vez la última entrevista que dio Ulrike Meinhof antes de pasar a formar parte de la RAF. En ella, Meinhof fuma compulsivamente y habla del acto político. “La familia es esencial”, dice. “No pegar a tus niños es hacer política.” Para el que lo ve hoy su imagen es indisoluble de lo otro: las bombas, la cárcel, el ahorcamiento. Esta entrevista es antes. Más adelante, mucho más adelante, desde la cárcel, Meinhof escribirá a sus hijas, Regina y Bettina, relatando su huelga de hambre, las alucinaciones y su sacrificio, que implica necesariamente su muerte. Repite obsesivamente que no dirá nada a “los cerdos” (los representantes de la autoridad y el sistema capitalista). Pero esta entrevista es antes, claro, qué tontería. En la imagen, Meinhof es aún una de las periodistas más importantes de la izquierda radical.

Meinhof explica al entrevistador lo que implica ser madre soltera: “es muy difícil. Es mucho más fácil si eres hombre y si hay una mujer en casa cuidando de los niños. Los niños necesitan una figura central en casa”. Acto seguido habla del hueco entre la vida privada y la vida política para las mujeres. Es el problema central. El problema central, repite. Después vuelve sobre la idea de rellenar ese hueco: no puedes pegar a tus hijos y ser antiautoritario.

Parecería que Meinhof creyera posible el equilibrio: hacer política y ser esa figura en casa. Lo privado. Rellenar ese hueco.

Un tiempo después de esta entrevista, Ulrike Meinhof dejó a su familia.

Y mucho después, desde la cárcel, Meinhof parece realmente sorprendida: “Mi idea de que me dijéseis qué soy para vosotras no fue muy acertada”, escribe a Regina y Bettina. “Soy yo. ¡Soy Mamá!”.

El acto de Cristina

Hacer crónica en vez de noticia dura te vuelve un ser peculiar. Ojo, no lo digo como algo bueno. Te convierte en un hurón del detalle estrambótico, de la anécdota delirante, de todo aquello que produzca lo que necesitas conseguir: una tesis. Porque eso es lo que necesitas para abrir y cerrar una crónica: la tesis. Y en la búsqueda de la tesis, olisqueas las pistas que son los detalles. Eso es bueno cuando el evento es frívolo y te puedes regalar con los detalles y hacer teorías absurdas porque, ya que estás en un evento sobre zapatos, por qué no compararlo con Deleuze, carajo.  Pero es malo, especialmente malo, cuando el acto es aburrido. Y es que, como enseña la vida, no se saca agua de las piedras.

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Pero esa tara del cronista es necesaria especialmente cuando lo que tienes es una puesta en escena. Ante tanto dato vertido en estos últimos dos días, qué bueno recuperarlas. Es ahí donde el ojo por el detalle se convierte en un rasgo imprescindible.
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Vamos al asunto:

1. Cristina Fernández de Kirchner  (CFK, de ahora en adelante) es anunciada. Semblante grave. Tiene algo importante que decir, algo que no permite la sonrisa coqueta de otras veces. Siguiendo el vocabulario porteño, podríamos decir que el labio no es frost sino nude, el brushing es suave, casi podría pasar por no ser latinoamericano. El trajecito impecable, pero sobrio. Obviamente, negro.
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2. ¿El lugar elegido? El Salón de las Mujeres Argentinas de la Casa de Gobierno.
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3. CFK es aclamada por los militantes. Para un observador europeo la escena es cuanto menos curiosa. Los gritos en una comparecencia que CFK insiste en contener son parecidos a los de una hinchada futbolera. Brazos en alto, cánticos que ondean: Yoooooo, yoooo soy argentinooooo, los soldadooooos del Pingüinoooooo (1).
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4. La voz de fuerte acento bonaerense de una mujer describe quienes comparecen: todo el poder ejecutivo,  representantes sindicales y de los principales organismos de derechos humanos. CFK manda callar con la mano. Comienza la sesión. La voz de la mujer sigue hablando, CFK mira de soslayo, seria. «De la soberanía hidrocarburífera de la República Argentina«. La voz no puede seguir, es ahogada por los gritos de apoyo. CFK seria, se pone en pie. Todo su equipo también. Vuelven a sentarse y se reanuda la sesión.
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Esto se repite incesantes veces a lo largo del acto: cada vez que un punto toca la soberanía nacional, el público se enciende, CFK pide silencio, solemne, con la mano, y la voz sigue.
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5. Finalmente, CFK habla, acogida por los gritos de apoyo: «soy soldadooooo de Cristinaaaaa«. En el encuadre perfecto: a nuestra izquierda, la bandera. A nuestra derecha, el edificio sobre el que se ve el rostro, casi un pictograma, de Eva María Duarte de Perón. Evita.
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6. CFK se dirige a todos los argentinos. Sonríe por primera vez, relajada.  Volvió de la cumbre de las Américas por «lo que hoy nos ocupa».
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Lo que entonces nos ocupó ya lo conocemos todos, a día de hoy.
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Estas fueron las primeras declaraciones de Mariano Rajoy sobre el caso Repsol-YPF: le pillaron sentado en el World Economic Forum, con unos auriculares alrededor del cuello, y no pudo hacer otra cosa que «expresar un profundo malestar».
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Por las declaraciones del presidente, parece ser que es una decisión muy negativa para todos. Especialmente para la empresa, dijo. Dijo leyendo.
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Dos discursos, dos puestas en escena. ¿El ganador? Bueno, convengamos que Rajoy no parece tener a nadie que le cante.
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(1) El Pingüino es el mote cariñoso con el que se conoce al fallecido presidente Néstor Kirchner.
La comparecencia de CFK entera, aquí.
Las declaraciones de Mariano Rajoy, aquí.

¿Qué fue de la zona alta?


Las zonas de alto standing en Barcelona, Pedralbes, Bonanova y Tres Torres, comprendidas en otros dos distritos (Les Corts y Sarrià-Sant Gervasi) albergan los colegios más exclusivos, las clínicas más punteras, el metro cuadrado del suelo mejor valorado. Pero, ¿y la vida?

Lucía Lijtmaer/ Paula A. Ruiz

Pedralbes

Barcelona, exterior, tarde. En la calle Escuelas Pías comienza un éxodo que se da todos los días. Entre las 16.30 y las 18.00 se convierte en una de las arterias principales del norte de la ciudad, y eso pesa sobre una vía que es de circulación única. Y es que el tránsito de padres y niños de la calle Escuelas Pías -dónde se hallan varios de los colegios de pago más exclusivos de la ciudad- se realiza en sólidos cuatro por cuatro, en resplandecientes Mitsubishis de color esmeralda, en Mercedes Benz tamaño familiar. La recogida de niños se realiza de manera fulminante: a las 17.45 apenas queda un chaval rezagado con madre o niñera sudamericana por llegar. A las 18:00, Escuelas Pías es un páramo. La granja que hay en la esquina, dónde todos los chavales de la zona compran chucherías no tarda en cerrar. ¿Para qué permanecer abierta? No queda nadie. Entre las 18.30 y las 20:30, los únicos transeúntes los trabajadores de la limpieza de los palacetes de la zona y algún vecino con ganas de sacar al cocker spaniel a dar una vuelta y echar el cigarrillo que su señora esposa no le deja fumar en casa.

La marca

“Puede que hayas nacido en Pedralbes o Eixample Esquerre. Yo nací en Camp de l’Arpa y llevo la marca del barrio chungo”. Así reza la letra de una canción de El niño del parche, el muletitas y su obra social. No, no tienen por qué conocerla. Ni siquiera tienen por qué saber que en realidad es una versión libre de una canción de Pau Donés. No es importante. Lo importante de esa cita es la marca. Porque el protagonista de esa canción lleva “la marca del barrio chungo”. Podemos discutir lo chungo que es Camp de l’Arpa. Aquí estamos para lo que haga falta. Pero lo que no admite discusión es que si uno dice que es de Camp de l’Arpa, eso le diferencia inmediatamente de alguien que es de Pedralbes. Es una evidente cuestión de clase, claro. La marca del barrio.

¿Y la marca del barrio pijo?

La primera imagen de lo que podría constituir una “marca Pedralbes”: chicas con mechas y perlas, jerseys de pico, chavales raya al lado desde que tienen doce años, colegio bilingüe, piscina en casa, tenis, club de polo. Elementos de hits (¡”Sufre mamón!”) de cuando el pijo era un estereotipo también imperante en la cultura pop. Ya sea en Madrid como en Barcelona: esos son los chicos y chicas de clase pudiente en nuestro imaginario colectivo. “La marca Pedralbes” geográfica se extiende por toda la zona alta y comprende Sarrià, Sant Gervasi-La Bonanova, Pedralbes y Tres Torres. Evidentemente, hay otros barrios acomodados -el Eixample antiguo, y todo el eje que bordea la Diagonal y Paseo de Gracia-, pero estos están integrados en el “centro” de la ciudad. Barcelona, por su estructura encaramada a las montañas, ha concebido desde el siglo XX a las verdaderas clases pudientes en un lugar alejado del mar. Cuanto más alejado, mejor.

Hasta ahora.

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¡Viva las Vegas! O Torremolinos redux

Punto 1: Uno de los principales mitos del modernismo es la idea del progreso. Según este, la linea temporal histórica sigue un desarrollo constante y ascendente, y por tanto,  somos considerablemente más civilizados que, pongamos por caso, hace cuarenta años. Esta manera de entender la historia tiene evidentes puntos fuertes -no nos morimos por culpa del escorbuto y las mujeres podemos votar en una gran cantidad de países-, pero también puntos débiles. Y a eso, queridos lectores, se le llama involución.

Punto 2: Vivimos en una ciudad que progresa adecuadamente. Ese es el pensamiento habitual que tenemos los ciudadanos que habitamos Barcelona. Nuestra morada está bien, sufre un poco la crisis pero hay actos culturales, civismo a punta pala y a la gente le gusta porque es una ciudad amable, un poco cara, pero cosmopolita, abierta y que mira al mar.

Ah, el mar.

Hace menos de un año, el cambio de gobierno en Catalunya y la capital paralizó uno de los planes urbanísticos más importantes de la última década. Después de la remodelación que supusieron las olimpiadas y la puesta a punto del Fòrum, los últimos tres años habían significado la preparación para la apertura del Paralelo al mar y la reestructuración completa del puerto y la zona Franca. Las señales estaban todas ahí: el ayuntamiento había apoyado la reapertura del Molino, se hablaba del Paralelo como de un boulevard afrancesado, y se habían instalado negocios que apuntaban a la gentrificación del barrio de Poble Sec.

Y entonces cambió el gobierno.

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Madonna y un símil fallido

Hace poco más de una década, cuando Madonna sacó el disco Music, fue portada de la revista Rolling Stone-en todas las ediciones-. Allí, Madonna salía vestida con falda escocesa, sombrero de cowboy e iba estupenda, después de su regreso triunfante con su anterior trabajo, Ray of Light. Su nueva cabellera rubia ondeaba al viento y su rostro era firme y seguro porque había ganado .

Pero además, Madonna hacía declaraciones. Corría el año 2000, y empezábamos a vivir el auge de lo que acabó conociéndose como el «pop frívolo» y Madonna sentía que se podía quejar. «Todas estas chicas, cantando sobre tonterías», dijo, hablando de Britney Spears, Christina Aguilera. «Que alguien vuelva y reinvente el punk». Ay, cariño. Ay, Madonna.

Pero esto no es una crítica musical. Ni siquiera hace las veces de una crítica cultural: los dos párrafos anteriores son un símil. Un símil frívolo, cierto. Pero aquí va: en este símil, el status quo de partidos catalanes es Madonna, y la sociedad civil es la carcajada que soltamos todos cuando a los tres años de estas declaraciones se dio unos besos  en la gala de MTV con Britney y Aguilera, alternativamente. Donde dije digo una cosa, hago otra. Donde lo que está mal, está bien simplemente porque el mundo no se adecua a mi programa. Donde uno se sube al carro porque nadie tiene memoria y total, la socialdemocracia se la llevó el viento y resulta que ahora «se ha acabado el todo gratis» (Xavier Trias dixit).

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Este aroma de posguerra

 

 

Se dice que el olfato es el más evocador de los sentidos. Parece ser que, científicamente, ciertos olores tienen la capacidad de transportarnos a lugares y momentos concretos tan vividamente que nos parece que volvemos a estar allí. Es más poderoso que una canción, algo así como una descarga eléctrica.

Lo evocador, además, trae a primer plano algo que parecía olvidado. Si tienes suerte, lo evocado es algo bonito que sepultaste bajo toneladas de otros recuerdos y te asalta una mañana con un aroma inesperado. Si no la tienes es un recuerdo que convenientemente llevaste al fondo de la nada. Del vacío.

Pero hay veces que un olor no basta para entender el por qué de lo evocado. Hay veces que lo que nos rodea explica dónde estamos y porqué. En los últimos tiempos, ese olor inexplicable viene acompañado de imágenes -mitones en medio del frío, hordas de ciudadanos comprando lotería, gente vendiendo muñecas rotas en la calle- y también una palabra: posguerra. Vivimos un ambiente de posguerra. Y no es una mera sensación.

1. Los datos: Según las últimas estadísticas de Cuerpo Especial de Gestión de la Hacienda Pública, España tiene una de las tasas de economía sumergida más altas del mundo. Pese a la insistencia de que la abundancia de economía sumergida no debe ser confundida con la salvaje crisis económica que vivimos -al fin y al cabo, esta proliferó en España durante los boyantes años ochenta-, sí se propagó y (paradójicamente) se hizo visible durante la peor de las crisis. Y ojo al dato, en Catalunya la economía sumergida representa el 19% de la bolsa del dinero negro del estado. 39 mil millones de euros. De estos, Barcelona concentra la mayor cantidad, más de 29 mil millones.

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