Matate, amor. Leé, idiota.

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Con el tiempo, cuando lees mucho porque forma parte de tu trabajo,  pocos libros logran sorprenderte. Alguno, rara vez, llega a alcanzar algo (¿un lenguaje? ¿una imagen?) que notas como propio, tuyo. Ese pasa a ser un libro único. ‘Matáte, amor’, de Ariana Harwicz (Lengua de Trapo) es un libro único.

¡Ahí voy, amor! Quiero gritar, pero me hundo más en la tierra agrietada. Quiero gruñir, berrear, y en cambio dejo que los mosquitos me piquen, que se deleiten con mi piel azucarada. El sol me devuelve el reflejo plateado del cuchillo en la mano y me ciega. El cielo está rojo, violeta, tiembla. Oigo que me buscan, el bebé cagado y el marido en cueros. Ma-ma, tata, ca-ca. Es mi bebé que habla, toda la noche. Co-co-na-naba- ba. Ahí están. Dejo el cuchillo en el pastizal quemado, espero que cuando lo encuentre parezca un bisturí, una pluma, un alfiler. Me levanto caldeada y molesta por el hormigueo en la entrepierna. ¿Rubia o morocha?; lo que prefieras, amor. Somos parte de esas parejas que mecanizan la palabra «amor» hasta cuando se detestan; amor, no quiero volverte a ver. Ahí voy, digo, y soy una falsa mujer de campo con una pollera roja a lunares y el pelo florecido. Rubia, traeme, digo con mi acento. Y soy una mujer que se dejó estar y tiene caries y ya no lee. Leé, idiota, me digo. Leéte una frase de corrido. Acá estamos los tres juntos para una foto familiar. Brindamos por la felicidad del bebé y bebemos las cervezas, mi hijo sobre su sillita mastica una hoja. Le meto la mano y chilla, me muerde con las encías. Mi marido quiere plantar un árbol para darle larga vida al bebé y yo no sé qué decirle, sonrío como una gansa. ¿Se da cuenta él? De todas las bellas y sanas mujeres que hay en la región se vino a enganchar conmigo. Un caso clínico. Una extranjera. Alguien que debería ser clasificada de incurable. Qué día de humedad, ¿eh? parece que tenemos para rato, dice él. Yo trago la botella en sorbos largos y aspiro por la nariz queriendo estar, exactamente, muerta.

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Durante mucho tiempo quise ser visible

Pussy-RiotDurante mucho tiempo quise ser visible

A veces me acuerdo de esa época y me da risa.

Iba a los conciertos, hablaba con compañeros periodistas, me hice amiga de músicos, fotógrafos, críticos, gente de la cultura.

Qué cosas pasan. Qué cosas nos pasan. Ahora en Periódico Diagonal escriben sobre el indie y el machismo y todo el mundo (los demás) se llevan las manos a la cabeza. Curiosamente —o no—, conozco a varios que lo han escrito, porque aquí, en estas esferas, uno se acaba conociendo. Ese es el tema: que todos nos acabamos conociendo. Supe que estaban gestando un artículo, y me alegré. Son temas que quien más quien menos lleva debatiendo un tiempo. Cada uno desde su lugar. Cada uno tiene su lucha.

He leído el artículo, y me resulta muy interesante como visibilizador de una problemática —que no iniciador—. El papel de las mujeres en el indie (entendiéndolo como música/cultura independiente) es exactamente el mismo (o peor) que en el resto de los ámbitos sociales: un papel menor que sus compañeros e injusto. Le pese a quien le pese. Es absurdo tachar a Rockdelux de medio machista. Me parece que simplemente se ha tomado ese medio como un epítome de a quién representa.

¿A quién apela el indie? Y ahí está el problema

Sí hay mujeres haciendo música.

Sí hay mujeres periodistas culturales escribiendo sobre música.

Sí hay mujeres trabajando en la industria musical.

El tema es que a casi nadie le importan. Ni a sus compañeros de viaje.

¿Por qué?

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¿Por qué no dice nada ella?


horno

Olwyn, que inmediatamente se arrepintió de la discusión, recuerda haber pensado después: ‘¿Por qué no dice nada ella?’ (…). Uno no puede sino caer en la cuenta que lo que enciende a Olwyn es el silencio de Plath. Recordamos la asociación de Hughes entre autenticidad -el ser real- y la estupidez. Pero aquí la estupidez es percibida como agresión. Olwyn ataca verbalmente a Plath, pero las palabras de Olwyn son sólo palabras, es la falta de habla de Plath (Medusa), el arma castigadora y mortal.

(La mujer en silencio, Janet Malcolm).