Manuel Puig, el deseo como transgresión

juliechristie

Alan Pauls en una charla parecida a la que dio ayer aquí en Casa America intentaba solventar la distancia, los dos bandos que se presuponían en la literatura argentina e incluso hispanoamericana: Pauls explicaba como hasta hace bien poco, o eras de Borges o eras de Puig. De hecho, no eras de Puig porque como Pauls explicaba, Manuel Puig no se consideraba un escritor argentino, nadie hablaba de Puig, era como si Puig no existiera, si fuera como él lo llama “un escritor deportado”.

Si eras de Borges, se presuponía que eso infería:

Alta literatura, influencias de Shakespeare, De Quincey, Kipling o Conrad-, la Biblia, la Cábala, la literatura clásica y la filosofía, un estilo literario singular, basado en la interpretación de conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad.

Si eras de Puig, se presuponía que eso implicaba:

Cultura de masas, referencias extraliterarias, lo que le convierte un escritor excéntrico. El uso del cine, la estructura de folletín, y un estilo literario basado en el cotilleo, con particular atención al desarrollo de la lengua hablada.

Precisamente ese alejamiento formal y temático de la “alta literatura” es la que muchos se pregunten por qué Puig jamás fue incluido como literato del Boom, pese a su cercanía generacional, incluso el absoluto desprecio por parte de los escritores en el momento, pese a ser un éxito entre el público. En palabras de Natasha Wimmer, “para muchos el problema no era que escribiera sobre homosexuales y amas de casa. El problema es que no escribiera sobre ellos con seriedad o tremendismo”.

El propio Puig, en su momento, era muy consciente de la escalada de lo que se considera un “escritor serio”, y lo comparaba con el star system hollywoodiense del que era tan fan.

La audacia del formato

Si la temática es la que aleja a Puig del éxito, hasta los críticos más cerrados han aceptado la increíble transgresión formal que suponen las obras de Puig. Todas las, digamos, “obras capitales” de Puig -entre las que situaría especialmente Boquitas Pintadas, La Traición de Rita Hayworth, Pubis Angelical y El Beso de la Mujer Araña- constan con una experimentación formal completamente inusual. No en vano, Puig explica en la entrevista A Fondo: “escapé de esa realidad (hablando de la Pampa Seca) y tomé el cine como la realidad”.

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