Socialismo cocainómano

 

 

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Pensé que era una broma cuando dijiste
“Quiero verte para discutir tu contribución al futuro
del corazón y el alma de nuestra nación.
A las seis, en mi casa, Whitehall”.

Bueno, llegué justo después de las siete,
pero dijiste “No importa, me hago cargo de tu situación
y tu imagen y me siento halagado
Oh, sólo querría decirte que me encantan todos tus discos.
¿Podrías firmarle esto a mi hija?
Está en el hospital, se llama Miriam.
Y ahora iré al grano: ¿quieres una raya?
¿Eres -snif- socialista?

Y ahora estoy bien
de subidón todo el rato.
Sólo un tiro y me siento genial
y apoyo el Estado del Bienestar.
“Ah, debes ser socialista porque siempre estás de juerga, a tope, en el bar de tu club privado (1)
Oh sí, sí lo eres, ¡tú, superestrella!”

“bueno, tú cantas sobre “la gente normal” y “las deformidades y los rebeldes” así que ¿puedes traerles a mi fiesta (2) y convencerles para que esnifen esto?
Y en realidad, lo que quiero decir es “Venga, movilízame el voto” (3) .
En realidad, lo que quiero decir es “Venga, enrollame ese billete”.
Tu elección en todo esto es la siguiente:
¿Quieres éxitos (4) o quieres fracasos?
¿Eres socialista? ¿sí?

Oh, puedes ser lo que tú quieras ser,
mientras no intentes competir conmigo.
Y he estado esperando tanto tiempo para tener la oportunidad de ayudar
a nuestra propia clase, así que por favor, ven y acata la linea del partido.
Oh, te lo debes a ti mismo.
No pienses en nadie más
y te prometemos que no lo contaremos.
No se lo diremos a nadie.
No, no se lo diremos a nadie.

* * *

(1) Tradicionalmente, los clubs de caballeros (gentlemen’s clubs)  eran el lugar de ocio de los hombres de la aristocracia, que se popularizaron en el s. XIX., generalmente alrededor de St James. En el s. XX el concepto se hizo extensivo a clubs privados para la clase alta-que aceptan mujeres- Más adelante se concibieron como bares de acceso restringido, una especie de bares VIP. Muy populares entre las estrellas del britpop durante la década de los noventa.

(2) Juego intraducible por el doble sentido de party como partido político y fiesta.

(3)  Juego intraducible por la confusión fonética entre “rock the boat” (no me jodas) y “rock the vote” (moviliza el voto)

(4) Juego con el doble sentido de hit como éxito y tiro (dosis de cocaína).

 

De la traducción de “Mother, lover, brother”, de Jarvis Cocker. Las notas de la traducción son inéditas.

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Se viene Princesas y Darth Vader

darthvader

¡ALEGRÍA ALEGRÍA! ¡YA PODEMOS ANUNCIAR QUE EMPIEZA EL CICLO SOBRE HUMOR “PRINCESAS Y DARTH VADER”!

La primera sesión dice así: Iniciamos la serie con una conversación salpicada de videos de Sarah Haskins entre Nacho Moreno, autor del blog Palomitas En Los Ojos, y Lucía Lijtmaer, coordinadora del ciclo, dónde ambos abordarán el humor a partir de los estereotipos con respecto a la mujer en la sociedad de consumo. Yogures, joyas y vampiros: ¡todo sirve para aprender cómo debería ser la mujer de hoy! http://www.lacasaencendida.es/es/eventos/princesas-y-darth-vaders-sesion-palomitas-los-ojos-y-lucia-lijtmaer-3103

Aquí un pequeño entremés de lo que podremos disfrutar:


La primera sesión será el 20 de marzo a las 20:00, en La Casa Encendida

¡Más sorpresas y maravillas próximamente!

Chicks on speed

Empiezo desde ahora a recuperar textos antiguos que se quedaron por el camino.

Hoy: Gwyneth Paltrow.

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Todos sabemos que las razones de que la imagen de las mujeres sea distorsionada, incompleta y en ocasiones absurda tienen raices de corte histórico. Hay multitud de factores que han operado para que ser fémina implique haberse convertido en un ciudadano de segunda, y estas razones escapan nuestro análisis.

No. Es mentira. La culpa de todo la tiene Gwyneth Paltrow.

Estábamos todas más o menos bien y entonces llegaron Gwyneth y sus amigas. Bueno, no estábamos tan bien, pero Gwyneth y su colección de chicas fantásticas nos recordaron la máxima de que el progreso no existe, o que si de hacerlo, no sigue una lógica ascendente.

La raíz del mal en Gwyneth tiene mucho que ver con las bases sobre las que están asentados los Estados Unidos de America. El trabajo duro, la excelencia y la búsqueda de la utilidad son una constante ya presente, por ejemplo, en Benjamin Franklin. Él no se contentó con tener una imprenta, y una posición acomodada. A un catalán le dan una imprenta y oye, a vivir. Pero Franklin no. Él tenía que inventar el pararrayos y meter cuchara en la declaración de la Independencia.

A Gwyneth le pasa un poco lo mismo, pero desde el reverso tenebroso. Ella es actriz. Es actriz y rubia. Ella es actriz, rubia y ganadora de un Oscar. Lo sé, esto bastaría para finalizar mi alegato, pero sigan conmigo. Estos tres factores, que pueden hacerles afilar el colmillito a más de uno, deberían ser suficiente para Gwyneth. Además está casada con un rockero -por decir algo- multimillonario y tiene una casa bonita y dos hijos. Pero no. Para Gwyneth no es suficiente. Ella tenía que progresar, como Franklin. Y en lo que podría considerarse el momento decisivo, Gwyneth decidió emprender y ser útil, porque tiene mucho que ofrecer.

En vez de, no sé, hacerse de Cáritas, Gwyneth asumió una de las máximas que han caracterizado nuestra última década: el famoso, como tal, es relevante. Y por tanto el famoso, como tal, tiene algo muy importante que decir.

Y Gwyneth se armó de valor, de amigas salidas de una versión para treintañeras de la película Heathers y creó Goop.

Goop es un newsletter en el que Gwyneth nos da las claves de la vida moderna. Habla de sus dietas detox, de sus amigas, vamos, de su vida en general. Y a mí qué me importa. Bueno, pues resulta que hace poco Gwyneth nos dio la receta ideal para que las mujeres superemos nuestro día con sus consejos. No solo eso, sino que también se apuntaron sus amigas. Por poner un ejemplo: Juliet de Baubigny, madre y propietaria de una joint venture (nota: no es un sinónimo de matrimonio feliz, la tía es empresaria). Juliet de Baubigny. Como dice Alvy Singer, si te llamas Juliet de Baubigny, ya todo en la vida debe ser cuesta abajo. Esto es lo que nos dice el día de Juliet, resumido.

  1. Levántate a las 5.30 y revisa tus mails.
  2. Haz que tu entrenador personal venga a casa y actualiza tu información en las redes sociales mientras realizas ejercicio cardiovascular durante 30 minutos.
  3. Desayuna -al menos durante quince minutos- con tus hijos algo macrobiótico que hayas horneado previamente durante el fin de semana. Ellos comen, tú no. Tú te conformas con un batido mientras les hablas.
  4. Comunícate con tus hijos en el coche de camino al cole. Es importante.
  5. Trabajo: entre semana, benefíciate de tu asistente personal y tus organizadas listas. En fin de semana, puedes realizar videoconferencias, pero desconecta la blackberry.
  6. Y sobre todo, hazte estas preguntas para saber si organizas bien tu tiempo: ¿cenas con tu marido al menos una vez a la semana? ¿Ves a tus amigas al menos una vez al mes? ¿Lees cuentos a tus hijos cinco de cada siete días?

Y así ad infinitum, una tras otra. Todas cuentan una variación de lo mismo, Ipad va, Ipad viene. Los trucos de la mujer moderna.

Lo perverso del discurso de Goop tiene tres patas: la primera, como decía antes, es el hecho de que una actriz famosa sea un modelo, no solo estético y comercial, sino ético. Gwyneth y el público , por ende, acepta que realmente ella tiene algo que decirnos, y que es importante. Pero también si vas más allá, porque, como yo, no tienes nada mejor que hacer hoy. ¿Gwyneth realmente se levanta a las cinco de la mañana para empezar su día? Si lo hace: ¿por qué demonios lo hace? ¿Qué mente perturbada calvinista se levanta a las cinco de la mañana? Si no lo hace y lo aconseja, es una cretina. Pero, lo que es peor, si realmente lo hace, es que se trata de un consejo aspiracional.

Gracias a Gwyneth tenemos lo peor de todos los mundos: el modelo de mujer de los años cincuenta, reinterpretado desde las deidades de la celebridad. Gracias a ellas ahora aspiramos a hornear panecillos. Y a buscarnos un buen camello de speed. Porque ya me dirás quién cojones aguanta a los niños y se va a cenar con las amigas si te has puesto a hacer pan macrobiótico a las seis de la mañana.

(publicado originalmente en Sigueleyendo en 2011) 

La nueva fórmula: chica joven + estereotipo cultural = polémica

Infografía Twerking

Infografía Twerking.

Hubo un tiempo en el que nos gustaban las galas porque ofrecían una ocasión inmejorable para comparar vestidos de lentejuelas, ver quién agradecía a su representante y comprobar quién iba tan colocado de pastillas que ni se inmutaba cuando perdía o ganaba un galardón. ¿Alguien se acuerda? Daba igual que fueran los VMA, los de MTV o los Grammy. Eran galardones de la industria musical, no hacía falta saber mucho más.

Pero en los últimos meses se ha ido instaurando una nueva fórmula. Es sencilla pero efectiva y dice así: chica joven + estereotipo cultural = polémica. Y de repente, todos empezamos a distinguir qué pasó, cuándo, dónde, y de un día para otro, teníamos todos una opinión sobre qué demonios está intentando hacer Miley Cyrus esta vez, eh, qué demonios.

Esto tiene que ser ofensivo para alguien

En cinco minutos y con unas bragas color carne, Miley Cyrus nos introdujo en el twerking[Wikipedia: un tipo de baile donde el bailarín, normalmente una mujer, sacude las caderas en un movimiento de rebote arriba-abajo que provoca que sus glúteos tiemblen]. Y parecía que era cosa de ella, pero poco después nos enteramos de que era un baile de origen africano, readaptado e introducido en Estados Unidos desde Nueva Orleans. Aquí se reabrieron los debates: ¿era empoderamiento?, ¿era machismo?, ¿era racismo o que molaba?, ¿a quién ofendía y por qué?

El asunto se habría quedado en anécdota si no fuera porque Katy Perry tomó ejemplo y sacó todo su arsenal en forma de barroco asiático en los Premios American Music Awards.

Enfundada en un supuesto kimono –que en realidad era una versión del traje chino cheongsam, modificado para enseñar muslo y pechuga–, su espectáculo recorría varias ceremonias niponas, cultura sobre la cual había declarado días antes: “Estoy obsesionada con esa gente, los amo, son tan monos que me gustaría quitarles la piel y llevarlos puestos como si fueran un Versace”. Frase que, intencionadamente o no, define exactamente la naturaleza del apropiacionismo cultural en el pop.

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Teenage: la invención de la adolescencia

Jon_Savage-adolescentes_EDIIMA20131015_0634_13“¿Por qué no puedo salir cada noche si quiero? ¿Qué se supone que debo hacer, quedarme metida en casa, tirada en el sofá?”. Esta frase no te la inventaste tú, sino tu abuela. O, posiblemente, tu bisabuela. Parece mentira, ¿eh? No solo la idea de que tu abuela fuera rebelde y contestataria, sino que su generación fuera la que acuñó todo aquello que creemos nos representa o nos representó en algún momento.

La juventud, la libertad y la rebeldía adolescente que solo te pertenece a ti es anterior a tu tiempo. Es tan anterior que tiene sus propias reglas, gestadas a finales del siglo XIX, y consolidadas a mitad del siglo XX, con la Segunda Guerra Mundial. Es decir: la adolescencia tiene su propia cronología, que puede recorrerse. La originalidad, la pureza de carácter, el odio a lo adulto…todo existe desde hace tiempo. Esta es la premisa de Teenage, el documental dirigido por Matt Wolf, que se presenta en el Festival In-Edit este mes, basado en el libro de Jon Savage del mismo nombre. Siguiendo los testimonios de diferentes adolescentes entre 1875 y 1945, recorre un lenguaje tan cercano que podemos establecer los puntos que hicieron que ese estado entre la infancia y la edad adulta acabara convirtiéndose en el motor generador de identidad más importante de nuestros tiempos.

1. El momento de tránsito como momento productivo: Lo difícil de la primera juventud aparece con la propia definición. ¿Qué es un adolescente? No es un niño ni se le trata como tal, pero tampoco es un adulto. ¿O sí? La historia ha enseñado como el cuerpo adolescente es problemático incluso para cercarlo a la producción. Con la Revolución Industrial, la popularización del trabajo infantil creó obreros adolescentes, con todos los deberes del trabajador y ninguno de sus derechos. Tras la prohibición del trabajo entre los menores, éstos fueron carne de ejército. Las guerras mundiales se nutrieron de menores de 22 años y para ellos hubo que crear un discurso convincente: el adolescente importa y puede cambiar el mundo. Este eslogan que a todos nos suena ya era popular a principios de siglo XX.

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El viernes quedamos

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En La Casa Encendida dicen:

El día 8 a las 20:00 con motivo del Día de la Mujer Trabajadora iniciaremos el ciclo “Girls on fire”. Para ello proyectaremos los dos primeros capítulos de Girls, la serie que fue sorpresa en la pasada edición de los Globos de Oro. Posteriormente Lucía Lijtmaer establecerá un coloquio con los asistentes a partir del tema “Amar en tiempos Hipster”. El precio es de 3 euros. *

Yo digo:

Margaret Cho, Woody Allen, Sheila Heti, Meredith Haaf, Icona Pop, Sloaney Crosley y mucho más. Y que la culpa de todo, TODO, la tiene Jordan Catalano. Vengan, que lo pasaremos bien.

La salida de emergencia

(Este texto está escrito en un arrebato de inspiración tras haber leído el magnífico artículo de Nando Cruz sobre las paredes en cultura. No es una replica a él. Me gustaría entenderlo como una continuación entusiasta, “a colación de”, si él me lo permite).

El fotógrafo Arnau Bach acaba de ganar un premio por su trabajo documentando entre 2007 y 2012 lo que ocurre en la banlieu del departamento 93, en las afueras de París. Arnau y yo habíamos trabajado codo a codo en innumerables ocasiones en un diario nacional que ya cerró (hagan sus apuestas, han sido varios) cuando yo hacía de cronista cultural -sea lo que sea realmente eso- en dicho medio, con lo que ello implica: numerosas esperas, actos a veces muy interesantes, a veces soporíferos, algunas fantásticas anécdotas reseñables y lo que se genera ahí cuando tienes suerte, que es básicamente, la complicidad del tandem periodista-fotógrafo. La cara de Arnau en algunos de esos saraos era impagable. “Quines coses em portes a cobrir, tia?”, decía, en un concierto de modernos o en una convención de pin ups.

Cuando cerraron nuestro medio, Arnau me explicó que volvía a Francia a recuperar parte de una historia que se le había quedado clavada en las entrañas: “lo que pasa en los barrios”, me dijo.“Pero no lo que se contó hace un par de años, sino lo que hay ahí, lo que pasa realmente ahora”.

Lo que pasa realmente ahora.

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