biciudadana: cómo sería el Bicing si su diseño y gestión fueran colectivos

Efraín Foglia + Lucía Lijtmaer

Definición según Wikipedia: El Bicing es un servicio de alquiler de bicicletas públicas en la ciudad de Barcelona que se implantó en marzo de 2007, promovido por el Ayuntamiento y gestionado por la empresa Clear Channel.

 

El relato en torno a la prestación del servicio de alquiler de bicicletas promovido por el Ayuntamiento de Barcelona se ha instalado en los siguientes ejes: se trata de un servicio público, que mejora la calidad de vida de los ciudadanos, y que facilita la movilidad de los usuarios utilizando una tecnología verde y asequible para los bareloneses.

Sin embargo, el relato ha contado, a lo largo de los años, con ciertas aristas: pese a ser comunicado por la administración local cómo un éxito de implantación, el 40% de los usuarios se desvincula de su uso. Por otro lado, ha generado tensión entre el pequeño comercio, el caos viario entre los turistas que lo usan y su posterior segregación, el robo continuado de los vehículos y la constante problemática de cómo considerar su uso en el área metropolitana -los municipios colindantes a la ciudad, con las que Barcelona limita pero sin ninguna barrera física-.

Este texto propone dibujar la gestión de Bicing a partir de la experiencia de guifi.net, la red de telecomunicaciones autogestionada más grande del mundo y referente mundial por su modelo de construcción ciudadana. La propuesta pone sobre la mesa metodologías de gestión muy simples y que llevan funcionando diez años con un elevado grado de eficacia, mayoritariamente en territorio catalán.

Partimos de la base de que la bicicleta es un objeto cultural, normalizado y con transversalidad de uso (transporte, deporte, entretenimiento, etc.). Por este motivo consideramos más sencilla la construcción ciudadana de una red de bicicletas, en comparativa con la construcción de infraestructuras de telecomunicación.

En el plano más teórico, Bicing ofrece ahora un servicio positivo. Un sistema municipal de bicicletas parecería evitar problemas característicos que se padecen en ciudades como Barcelona: el robo de los vehículos privados es costumbre, la falta de espacio para aparcar (en fincas, comercios o espacio público) es la norma, y el ciudadano, además, debe hacerse cargo del mantenimiento de la bicicleta propia.

Pero, como hemos explicado al inicio, el sistema planteado contiene fallos de gran alcance en seguridad, vialidad, y relación ciudadana. Además, por la propia naturaleza del proyecto, es necesario hacer las preguntas que se están evitando desde la implantación del sistema en 2007. ¿Cuan beneficiosa es la centralización de la gestión del uso de las bicicletas por parte de la administración local?, ¿Qué efectos puede tener que dicho plan sea asignado para su explotación a una sola  empresa privada que ha sido expedientada ya por la misma administración que la contrata y no genera, pese a lo que se explica en medios de comunicación, un retorno laboral y social en condiciones? ¿Es positivo que esa empresa gestora tenga nuestros datos bancarios, más allá de su (pésima) gestión sobre ellos? ¿Qué desventajas tiene homogeneizar el tipo de bicicletas (un solo modelo) en una sociedad que requiere usos diversos?

Además de plantear estas preguntas y cuestionamientos a la gestión,  nos interesa poner el foco sobre el olvido por parte de la administración local en resolver las problemáticas que ya existían anteriormente (robos, parkings, falta de carriles bici, etc..). No debemos olvidar que las bicis ya existían en Barcelona, solo había que dar apoyo desde la administración local, facilitar su gestión en la ciudad y alumbrar aquello que no estaba resuelto. Por tanto, contar con lo que ya existe para potenciarlo.

Si resumimos el estado actual de la situación, la ciudad cuenta con dos problemas: los que ya existían con las bicicletas particulares y los que ha generado el Bicing. Todo esto a un costo de 16 millones de euros-convirtiéndolo, con diferencia, en el transporte metropolitano más subvencionado-, que seguramente serían rebajados con una red ciudadana de vehículos de propulsión humana gestionado en parte por la ciudadanía (teniendo, por tanto, en cuenta sus bicicletas, incluyendo a comercios locales, gestionando su diseño por barrios y dinámicas de transporte) y por otra parte, por la administración (en lo que respecta a infraestructuras, normativas, cuidados y protección). Atendiendo, pues, al principio de que en definitiva la ciudad se construye entre todos los actores sociales.

Propuesta de gestión del Bicing desde la experiencia de guifi.net

En la red guifi.net un nodo es la unidad mínima que ayuda a tejer la red, sumando nodos tenemos una malla ciudadana en la que se distribuyen los beneficios y las obligaciones de pertenecer a dicho proyecto. Para efectos de nuestra propuesta cambiaremos la palabra “nodo” por “bicicleta”.

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La gente que dice adiós

artesana-agujerea-piel-constelaciones-estrellas_PLYIMA20140901_0028_9                (foto de miso)

 

Pero alguien me lo dijo ayer:
Gabriela, estás en la edad de ser valiente
así que lo seré

(Gabriela Wiener)

 

Pelo la costra de la herida. No recuerdo cómo me la hice -la herida, no la costra-, y la miro, ahí, en la pantorrilla. Será que ir por la calle sin medias a finales de octubre implica, de por sí, una falta de prevención a la que el cuerpo aún no se ha acostumbrado. Pelo la costra poco a poco, consciente de que el dolor así se perpetúa. No es insoportable, solamente un poco más largo de lo necesario.

Espero a Gabriela, que vuelve hoy en un regreso triunfal, como los pretores romanos dando vueltas al circo. Gabriela saluda, metafóricamente, volviendo. Y nosotros vamos a celebrar su temporal retorno de veinticuatro horas, riendo, bebiendo, golpeándonos la espalda con las manos, como hacen en las películas fraternales americanas. Chupito de whisky y palmadita.

No recuerdo cuando me hice esta herida, y ayer él, muy lejos y muy cerca, me contó que se despierta a veces con heridas que se ha hecho en sueños.

David se va. Un largo adiós muy corto. Leo con cierta inquietud la anatomía de un desfalco cultural y anímico y me doy cuenta de que me asola algo. El terror de reconocerse en un texto. El coladero de gente, pienso, todos os escurrís entre los dedos, como le pasaba a aquel buscador de oro en plena fiebre. Después no queda nada, ni el agua.

Vamos a la fiesta y abrazamos a conocidos. Les miro como cuando miraba a mi abuela, justo antes de tomar un avión. On t’amagues, Lucía? Fa temps que no et veig enlloc. Noto el aire de suficiencia en su voz. ¿Por qué haces tantas cosas? Siempre que te veo pienso ‘cuantas cosas tiene que decir esta chica’. Noto el odio en su voz.

Aún recuerdo el texto de aquel chico de una discográfica que comenzaba: “Adiós. Esto se puso muy difícil.”, cómo me sorprendió, tan certero, tan triste, tan evidente en una renuncia necesaria. Se puso muy difícil. Y los que no se van, ¿por qué miran hacia otro lado? ¿De quien es la culpa de un exilio? ¿De quien es la culpa, sino nuestra, si la fiesta es cada vez más aburrida?

Clara me habla de las constelaciones de afectos, y pienso que me gustaría que la gente, en vez de hablar de afectos, hablara de amor. Nadie dice “siento mucho afecto por ti” cuando quiere decir “te quiero”.

Sobre mi piel, escondida en el antebrazo, hay una constelación de amores, en una línea que hormiguea y que me susurra qué debo hacer. Siempre aparece alguien justo antes de dar un salto. Le mando a A. una foto en la que aparecemos juntos justo cuando I. me escribe desde un piso chicano en América. L. me dice al oído “marxaria a on fos”, él, que está de exilio interior en Sant Andreu. Y en México han desaparecido 45 personas. Cómo desaparecen 45 personas de un plumazo, pienso, mientras en la televisión aparece la noticia de las niñas nigerianas, se ve que han liberado a tres. ¿Quién se acordaba ya de las niñas? Dónde irá la memoria de las niñas muertas, pienso.

Me escribe alguien una lista de reproches y en mi cabeza le entrego todo lo que me pide. Pero no se lo digo. No habrá paz para quien no duerme tranquilo. Soñarás siempre con géisers de hiel, vaticino, y recuerdo el “Viento Entero” de Octavio Paz que me regaló Efraín. Hemos dejado atrás la ira, pienso y olvido. Arranco la costra del tirón y sale una gotita de sangre. Tendré una cicatriz en la pantorrilla para siempre y una constelación de amores en el antebrazo, pienso.

Y entonces doy el salto.

(publicado en Nativa, noviembre 2014)