I even sent in friends

Probably, if someone’s eyes had been that shade of blue always, that would be the thing, or at least one of the things you would remember about them most strongly; that would be one of the things you carried with you, wouldn’t it?

That would be one of the things you had, for instance, noticed. What with living your every breath for that person. What would being in love with them.

(The real became the surreal, and the surreal turned its impossible face towards you, and was the real.)

(Emmet’s eyes: they had been blue.)

Tender, Belinda McKeon

Nos caemos tan bien

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Pretendían escribir un libro sobre nosotros.

Así empieza lo siguiente en este julio extravagante.

las uvas sobre la piel, el viento suave, alguien nos dejaba frambuesas en la puerta de aquella casa vacacional y yo me encerraba en el baño a hablar por teléfono.

He tenido dos casas, veinte pares de zapatos, ochenta facturas, ningún jefe y un puñado de gaviotas en este Madrid dónde las estaciones son estaciones y los pavos solo aparecen una vez al año.

Cosas que ya no hago: beber, vestir de negro, peinarme, fumar, pasear por las zonas de moda, responder al teléfono, disculparme.

Cosas que volveré a hacer: caminar por la playa, escribir, dormir hasta las once, hablar en inglés (es ya tan temprano otra vez).

Los finales felices no son para cobardes. Así termina este julio feliz sin retratos.

1-That-Obscure-Object-of-Desire

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

The definitive blaze

 

“Yet the point is surely that there is no guarantee that either A or B will ever find anything as good ever again. The notion that they can each go on to find a better or richer experience is illusory. This isn’t young love or first love, it is love: as cataclysmic and destructive and sensual and unforgettable as the real thing must always be. To paraphrase Woody Allen, if it doesn’t make the rest of your life look like a massive letdown then you’re not doing it right. Here is A and B’s moment, the definitive blaze.”

Peter Bradshaw (ligeramente alterado)

 

 

Cuando estudiamos con ISIS

mohamed

Foto: Mohammed Emwazi, criado en el noroeste de Londres.

 

El trabajo era más o menos sencillo. Se trataba de encontrar una buena historia y realizar un reportaje. Teníamos veintipocos años, era el año 2000, vivíamos en Londres y estudiábamos periodismo. Intentamos grandes gestas, tocamos muchas puertas y se abrieron algunas pocas. Ahí aprendimos una de las primeras lecciones: empieza con lo que tengas más cerca.

Yo me fui a entrevistar a miembros de las Brigadas Internacionales, Eri Tsukuda hizo un gonzo sobre una secta pagana y Daniel Schearf empezó con lo que realmente tenía más cerca: nuestra universidad. Corría el año 2000 y todavía existían las torres gemelas, se fumaba en los bares y no había redes sociales. Acabábamos de vivir una polémica sin que realmente nos tocara y Daniel tiró de ahí: una de las dos asociaciones musulmanas de estudiantes repartía folletos en la puerta de la universidad en protesta por no dejarles usar el espacio común estudiantil -la Student Room- para rezar. El argumento del decanato para oponerse era claro: la universidad era un espacio libre de expresiones religiosas, y la sala era de uso compartido.

Daniel investigó a las dos asociaciones, formadas exclusivamente por estudiantes británicos -generalmente de la zona cercana a la universidad, situada en Harrow-, todos de clase media y mayoritariamente de ascendencia árabe. El representante de una de las asociaciones admitió que obtenían financiación de Hizb ut-Tahrir, la organización internacional pan-Islámica que ha sido definida como una “autopista directa” hacia el terrorismo y cuyo líder Ata Abu-Rishta, años más tarde, abogó en un discurso por la “destrucción” de los hindúes en Cachemira, los rusos en Chechenia y los judíos en Israel.

Pero entonces era el año 2000 y lo que ahora relato fue el trabajo de un estudiante de periodismo en una universidad a las afueras. Todavía se alzaban unas torres gemelas, se fumaba en los bares, no existían las redes sociales. El sindicato de estudiantes del Reino Unido no había emitido aún su petición de prohibir a Hizb ut-Tahrir en los campus. Nuestros compañeros de facultad aún no se habían alistado a degollar periodistas.

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Hoy recuerdo el césped y la universidad y a todos los compañeros y se me ocurre que si un estudiante de periodismo de veinte años era capaz de atar tres cabos -los reclutados en occidente suelen ser del país dónde perpetran los atentados, de clase media, están formados, tienen estudios-, por qué se empeña una parte de la opinión pública en hacer exactamente lo contrario.

De vuelta

faro

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mi apellido, tan difícil de pronunciar, quiere decir faro o farero. La luz del mar, o el hombre de la luz del mar. Aún es difícil saber. A veces no me acuerdo. A veces, sí.

La canción dice

Puede parecer raro
hablar de amor y después de faros
pero no se me hace raro
a mí.
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* * *

Resolución del verano: escribir más aquí.

Resolución del invierno: no escribir la palabra “resolución”.

* * *

Sección a recuperar: diálogo de la semana. Hoy, en versión chat gmail.

D: ¿Estás?

L:  Ya me fui, como shakira

D: Yo sigo aquí, como paulina rubio

* * *

De un borrador, caminando por Barcelona en una visita veraniega sin nostalgia:

la ciudad parece una sauna húmeda y grisacea del centro de la república checa. los pasos resuenan en la calle. de golpe, oigo un ruido de camino a casa de mis padres. ante mi, dos chicos latinos se agazapan en una esquina. sacan el papel de plata, se disponen uno delante del otro y esnifan ruidosamente. Suena como una insolencia, una afrenta. Mientras tanto, dos ciclistas cansados pedalean calle abajo. Lunes por la noche junto al letrero color mostaza de Nuñez i Navarro. Carrer Urgell con Roselló.

* * *

Me regalaron la foto de un faro, y ahora lo miro y de repente tengo un ataque de risa, ahora que vivo en la meseta, ahí, con mi faro a cuestas.

canción para los dos

Eres tan frágil
que me gustaría
darte la comida
yo mismo,
lavarte la cabeza
yo mismo,
con una mano muy limpia
peinarte
yo mismo
y de ser posible
(si se pudiera),
morirme en tu lugar.

Oh extraña
flor desvalida,
criatura que hasta el viento
de una tarde azul
pudiera arrastrar,
y sin la cual
ya voy siendo
bastante menos
que
nada.

(Rafael Alcides)