De vuelta

faro

.

mi apellido, tan difícil de pronunciar, quiere decir faro o farero. La luz del mar, o el hombre de la luz del mar. Aún es difícil saber. A veces no me acuerdo. A veces, sí.

La canción dice

Puede parecer raro
hablar de amor y después de faros
pero no se me hace raro
a mí.
.

* * *

Resolución del verano: escribir más aquí.

Resolución del invierno: no escribir la palabra “resolución”.

* * *

Sección a recuperar: diálogo de la semana. Hoy, en versión chat gmail.

D: ¿Estás?

L:  Ya me fui, como shakira

D: Yo sigo aquí, como paulina rubio

* * *

De un borrador, caminando por Barcelona en una visita veraniega sin nostalgia:

la ciudad parece una sauna húmeda y grisacea del centro de la república checa. los pasos resuenan en la calle. de golpe, oigo un ruido de camino a casa de mis padres. ante mi, dos chicos latinos se agazapan en una esquina. sacan el papel de plata, se disponen uno delante del otro y esnifan ruidosamente. Suena como una insolencia, una afrenta. Mientras tanto, dos ciclistas cansados pedalean calle abajo. Lunes por la noche junto al letrero color mostaza de Nuñez i Navarro. Carrer Urgell con Roselló.

* * *

Me regalaron la foto de un faro, y ahora lo miro y de repente tengo un ataque de risa, ahora que vivo en la meseta, ahí, con mi faro a cuestas.
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canción para los dos

Eres tan frágil
que me gustaría
darte la comida
yo mismo,
lavarte la cabeza
yo mismo,
con una mano muy limpia
peinarte
yo mismo
y de ser posible
(si se pudiera),
morirme en tu lugar.

Oh extraña
flor desvalida,
criatura que hasta el viento
de una tarde azul
pudiera arrastrar,
y sin la cual
ya voy siendo
bastante menos
que
nada.

(Rafael Alcides)

Manuel Puig, el deseo como transgresión

juliechristie

Alan Pauls en una charla parecida a la que dio ayer aquí en Casa America intentaba solventar la distancia, los dos bandos que se presuponían en la literatura argentina e incluso hispanoamericana: Pauls explicaba como hasta hace bien poco, o eras de Borges o eras de Puig. De hecho, no eras de Puig porque como Pauls explicaba, Manuel Puig no se consideraba un escritor argentino, nadie hablaba de Puig, era como si Puig no existiera, si fuera como él lo llama “un escritor deportado”.

Si eras de Borges, se presuponía que eso infería:

Alta literatura, influencias de Shakespeare, De Quincey, Kipling o Conrad-, la Biblia, la Cábala, la literatura clásica y la filosofía, un estilo literario singular, basado en la interpretación de conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad.

Si eras de Puig, se presuponía que eso implicaba:

Cultura de masas, referencias extraliterarias, lo que le convierte un escritor excéntrico. El uso del cine, la estructura de folletín, y un estilo literario basado en el cotilleo, con particular atención al desarrollo de la lengua hablada.

Precisamente ese alejamiento formal y temático de la “alta literatura” es la que muchos se pregunten por qué Puig jamás fue incluido como literato del Boom, pese a su cercanía generacional, incluso el absoluto desprecio por parte de los escritores en el momento, pese a ser un éxito entre el público. En palabras de Natasha Wimmer, “para muchos el problema no era que escribiera sobre homosexuales y amas de casa. El problema es que no escribiera sobre ellos con seriedad o tremendismo”.

El propio Puig, en su momento, era muy consciente de la escalada de lo que se considera un “escritor serio”, y lo comparaba con el star system hollywoodiense del que era tan fan.

La audacia del formato

Si la temática es la que aleja a Puig del éxito, hasta los críticos más cerrados han aceptado la increíble transgresión formal que suponen las obras de Puig. Todas las, digamos, “obras capitales” de Puig -entre las que situaría especialmente Boquitas Pintadas, La Traición de Rita Hayworth, Pubis Angelical y El Beso de la Mujer Araña- constan con una experimentación formal completamente inusual. No en vano, Puig explica en la entrevista A Fondo: “escapé de esa realidad (hablando de la Pampa Seca) y tomé el cine como la realidad”.

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E.T.E.R.

marikenFoto de Mariken Wessels

 

Hoy me han vuelto a parar por la calle. Ha sido un amigo tuyo, uno de esos que nos encontramos de vez en cuando en las azoteas de la ciudad. Me ha dicho que te habías ido hasta la montaña de Montjuich, a ver la ciudad desde arriba, y yo ya lo sabía, aunque tú no me lo hubieras dicho. Qué como lo sé, se preguntaba él. No se lo he dicho, pero tú también lo sabes, o deberías saberlo. Es por el éter.

Hace tiempo, en la librería cuando acababa de entrar a trabajar leí un libro que hablaba del éter, esa sustancia de la que tanto habían teorizado desde hace milenios. Los  científicos y astrólogos llevan investigándola desde siempre, creo que te lo conté. Sí, te lo conté el otro día pero fingiste no escucharme mucho. A veces creo que lo haces solamente para molestarme.

Para los griegos era el quinto elemento, aquel que junto a la tierra, el fuego, el aire y el agua formaba el mundo como lo conocemos. Mucho tiempo más tarde, en el siglo XIX lo identificaron como el material que conducía las ondas de la luz, ya que ésta no podía propagarse por  el vacío, así que debía ser el éter lo que la transmitía. Esa teoría fue refutada en 1887. Te lo conté, pero me interrumpiste porque no querías que te lo contara, creo. Lo que te quería decir ese día es que yo no creo que la refutación de esa teoría haya sido posible.

Porque me han vuelto a confundir contigo. Tu amigo, ese amigo común que tenemos, en realidad. Lo sé, te dará la risa, pero ha sido así. Me ha contado que estás Montjuich después de confundirme contigo. Te parecerá extrañísimo pero ha sucedido como te lo cuento. Nos hemos encontrado y se ha acercado a mí, solícito, para pedirme un favor y se ha puesto a hablar y te estaba hablando a ti, no a mí. Me he dado cuenta en seguida, él ha tardado un poco más. Ha soltado una buena perorata antes de darse cuenta de que yo no era tú, que en realidad yo era yo. Cuando se ha dado cuenta ha sido como si un rayo le atravesara y le pusiera recto, de los tobillos a la coronilla. Creo que se ha sorprendido tanto que ha tenido que seguir hablando, cambiando el tono, fingiendo que no pasaba nada, y entonces me ha contado, como disculpándose, que habíais hablado antes y que tú habías decidido subir hasta arriba de todo de la montaña, dónde yo sé que está esa higuera. Tú también lo sabes, hace un tiempo fuimos juntos, ¿te acuerdas? Me echaste en el suelo y yo comí higos, sabiendo que me sentarían mal. Higos verdes.

No me ha importado que hayas preferido volver solo, y no conmigo. Me hubiera gustado que me llevaras otra vez ahí, dónde la higuera embarrada, sentir mi espalda contra el tronco, pero has ido tú solo y no me ha importado, porque yo ya lo sabía, por el éter y la sangre.

Nos confunden por la sangre, a ti también te pasa, ¿verdad?. Nos confunden por las extremidades largas, el pelo color ratón y el gesto antiguo, yo lo sé. Creen que somos vampiros, y ay qué risa, no entienden que nosotros somos los buenos, somos los buenísimos. Yo sé que tú pareces un vampiro, claro. Solamente hay que verte la cara en las fotos y en los reflejos. Caminas raro, como si bailaras un swing perpetuo, y jamás te he visto comer. Todo el mundo piensa que lo eres y no me extraña.

Y yo, bueno, a veces miro hacia arriba y me pierdo y me depuro, como iluminada ascética. A veces miro hacia arriba y lo veo todo con palabras y podría tocar las superficies de los exoplanetas. Y no como y no sudo nada, nada de nada.

En realidad lo que no saben, pobres atontados, es que los vampiros parecen normales. Visten camisolas de seda gris, pantalones de pinza y comen arroz a banda en verano. Viajan a ciudades cosmopolitas, y contemplan las puestas de sol, llorosos y enamoradizos. La verdadera diferencia es que no son autosuficientes. No se bastan de su propia vida, necesitan la de otros. ¿Has visto alguna vez los árboles a la vera del río? Están todos ahí, en fila. Los chopos necesitan del río. Bueno, pues ellos son iguales.  Vagan con sus libros, sus películas, sus nuevas teorías que se coman las del año pasado. Ahí van, devorando, y se creen seguros, frivolizando el amor que no dura -solo porque no dura, estúpidos-, el beso entregado, y los higos que nos comimos, cuando aún comíamos.

A veces pienso que tú también eres uno de ellos.

Nos confunden por la sangre, y por el éter. Todos esos científicos, todos esos teóricos se equivocaban al pensar que era un material ligero, más ligero que el aire. En realidad es viscoso y transparente, como un líquido amniótico y solo puede verse cuando se está como estamos tú y yo. Yo sabía dónde estabas esta mañana antes de que me lo dijeran porque el éter nos comunica. Como cuando estás bajo el agua y oyes sonidos extraños, o al despertarte de esa pesadilla oyendo voces, yo te oigo respirar, te oigo pensar, te noto todos los días, sé lo que vas a decir antes de que hables. Hoy era un día demasiado luminoso para que te quedaras en casa, no has podido soportar tanta quietud y te has echado a la calle. ¿Lo ves?  Yo ya lo sabía.

Por eso no duermo. Desde el éter, ya no duermo.

Gracias al éter y a la sangre, impoluta. Impolutos, tú y yo, como hermanos. Blancos y suaves como las teclas de un piano.

(El día que nos vayamos se lo diremos a todo el mundo)

Being late to meet you at the station

 

 

That God-is-Light smile of your arms

One second before

I’m in them.

Your eyes, having nearly

Given up, lit up

As mythical

As Regent Street.  A satyr

Reeling at the discovery of honey.

Your mouth,

Tasting of the breath

Of greenhouses. The sap.

The open stamens. Clorophyll.

(Ruth Padel)

Epistemología o muerte

La bella gente de La Línea Sin Fin contaron conmigo para su super número Xuxu de Creim.

 

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Barcelona, 11 de noviembre 2022

Convengamos que no era fácil. Pocas veces ha habido un cometido tan complejo, que pasara por lidiar con una tarea tan ingente en dimensiones y con tantas ramificaciones de sentido y forma. En palabras de la Consellera, “¿cómo acatar una función que, en sí, resulta contradictoria?”. Mucho ruido había precedido a la iniciativa, que se presentaba compleja.

Con estas palabras comenzaba la presentación del muro que debía contener los nombres de aquellos escritores más representativos del presente de Icaria, una suerte de homenaje, una cápsula del tiempo pegada a las paredes de nuestra propia historia.

La propia idea de generación es excluyente y elitista, como nuestra propia literatura”comenzaba la presentación por parte de la Consellera. La flanqueaba el Presidente del Organisme Consultiu de les Lletres, que aclaró prudentemente que venía en representación de la comisión de cultura y las organizaciones federales, instituciones que, de manera horizontal, habían votado el resultado final. El Presidente, apoyando a la Consellera, recalcó: “Al fin y al cabo, el concepto de generación suele aplicarse dentro de estructuras sociales relativamente estáticas y patriarcales, gerontocráticas, y funciona para describir cómo los miembros menores van asumiendo los roles y el poder, cómo van reproduciendo las estructuras sociales y las relaciones de poder.”

Dicho esto, el acto siguió el protocolo de transparencia institucional, explicitando el proceso de votación, selección de los finalistas y resultado final. “Teniendo en cuenta que la intelectualidad hegemónica preserva el dominio de la élite, de los suyos, marcando el territorio en antologías, la voluntad popular requería de la huida de un formato-libro al uso, de carácter tan restrictivo, poco ecológico y que no contempla los recientes avances de lo hiperliterario”, continuó la Consellera, desvelando así una app destinada a que los ciudadanos puedan interactuar con la pared y generar así un espacio urbano dialogante y de mutua sostenibilidad.

El dossier que acompañaba a la rueda de prensa daba cuenta, además, de los criterios previos seguidos para la selección: la lista sería paritaria y no excluyente en materia de género, raza, edad, y/o aptitudes especiales. Una nota al pie del dossier informaba de que algunos colectivos reivindicaban que el hecho de nombrar los significantes “género”, “raza”, “edad” ya podría constreñir el imaginario de la población, dejando de lado la lucha por derribar estas construcciones sociales.

La ceremonia finalizó con la retirada de la cortinilla que tapaba los nombres de los escritores elegidos, y la posterior rueda de prensa con los medios de comunicación. Cabe reseñar que un grupúsculo de resistencia autónoma herodoto y kantiano intentó boicotear la revelación de los nombres a gritos de: “¡Epistemología o muerte!”, pero fueron rápidamente neutralizados cuando fueron invitados a debatir sus reticencias en el coloquio.

Adjuntamos la lista y las imágenes del evento al final del artículo.

El texto que reproducimos previamente forma parte de una serie de archivos encontrados en la caja negra de un servidor en la periferia del territorio liberado Heribert Barrera. Por el lenguaje utilizado y de demostrarse la autenticidad de la fecha, habría formado parte del servicio informativo del periodo Icaria, siglos atrás, antes de la llegada de la Reconquesta y el establecimiento de las provincias-estado y la estricta vigilancia ideológica. Este documento, de valor incalculable, contradice la establecida teoría de que los nombres en el muro de la plaza Marta Ferrusola formaran parte de la ilustre tradición catalana para marcar en el espacio público a la población charnega y xueta.

 

 

And do you think that love itself

casa
And do you think that love itself,
Living in such an ugly house,
Can prosper long?
We meet and part;
Our talk is all of heres and nows,
Our conduct likewise; in no act
Is any future, any past;
Under our sly, unspoken pact,
I KNOW with whom I saw you last,
But I say nothing; and you know
At six-fifteen to whom I go—
Can even love be treated so?

I KNOW, but I do not insist,
Having stealth and tact, thought not enough,
What hour your eye is on your wrist.

No wild appeal, no mild rebuff
Deflates the hour, leaves the wine flat—

Yet if YOU drop the picked-up book
To intercept my clockward look—
Tell me, can love go on like that?

Even the bored, insulted heart,
That signed so long and tight a lease,
Can BREAK it CONTRACT, slump in peace.

Edna St. Vincent Millay