Madonna y un símil fallido

Hace poco más de una década, cuando Madonna sacó el disco Music, fue portada de la revista Rolling Stone-en todas las ediciones-. Allí, Madonna salía vestida con falda escocesa, sombrero de cowboy e iba estupenda, después de su regreso triunfante con su anterior trabajo, Ray of Light. Su nueva cabellera rubia ondeaba al viento y su rostro era firme y seguro porque había ganado .

Pero además, Madonna hacía declaraciones. Corría el año 2000, y empezábamos a vivir el auge de lo que acabó conociéndose como el “pop frívolo” y Madonna sentía que se podía quejar. “Todas estas chicas, cantando sobre tonterías”, dijo, hablando de Britney Spears, Christina Aguilera. “Que alguien vuelva y reinvente el punk”. Ay, cariño. Ay, Madonna.

Pero esto no es una crítica musical. Ni siquiera hace las veces de una crítica cultural: los dos párrafos anteriores son un símil. Un símil frívolo, cierto. Pero aquí va: en este símil, el status quo de partidos catalanes es Madonna, y la sociedad civil es la carcajada que soltamos todos cuando a los tres años de estas declaraciones se dio unos besos  en la gala de MTV con Britney y Aguilera, alternativamente. Donde dije digo una cosa, hago otra. Donde lo que está mal, está bien simplemente porque el mundo no se adecua a mi programa. Donde uno se sube al carro porque nadie tiene memoria y total, la socialdemocracia se la llevó el viento y resulta que ahora “se ha acabado el todo gratis” (Xavier Trias dixit).

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