Story received, story included

“I’ve been rereading your story. I think it’s about me in a way that might not be flattering, but that’s okay. We dream and dream of being seen as we really are and then finally someone looks at us and sees us truly and we fail to measure up. Anyway: story received, story included. You looked at me long enough to see something mysterious under all the gruff and bluster. Thanks. Sometimes you get so close to someone you end up on the other side of them.”

Richard Siken

Irse de la fiesta

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“I applied for the University of Life. Didn’t get the grades.”
Starter for ten, David Nicholls.

Mi teléfono vibra. Es un mensaje de K. “Por fin, joder. Por fin alguien ha escrito este libro”. Sonrío. Estoy en un autobús, luce el sol. Intento imaginar a K. escribiéndome ese mensaje desde su casa, al norte de Londres, con su bebé recién nacido. Me pregunto si hoy en Kentish Town lucirá el sol. K. ha usado un “joder”, y durante un rato no puedo sobreponerme, porque K jamás suelta un taco, así que debe estar realmente emocionada tras haber leído Starter for ten, el libro que le recomendé la última vez que hablamos. Cuento los meses que hace que no nos vemos. La última vez fue durante unas jornadas que la trajeron a Barcelona. La vez anterior fue después de su boda. Recuerdo mi traje de dama de honor. Me río en voz alta y la señora mayor que hay en mi autobús me mira con curiosidad. Pienso en K y en si le parecería una señora típicamente catalana, y si mi amiga estuviera aquí, a la señora le parecería típicamente irlandesa.

Starter for ten es el libro que K y yo siempre quisimos leer, o más bien, el que siempre quisimos escribir. Narra la vida de Brian Jackson, un estudiante en una ciudad inglesa a mediados de los ochenta, en pleno thatcherismo. Evidentemente, se emborracha hasta perder el sentido todo el rato, no come nada que contenga vitaminas, se enamora de las personas inadecuadas y cree que va a tener la gran experiencia reveladora que le cambiará la vida en cuanto pise un aula. Es desternillante y avergonzante a la vez. Es desternillante porque realmente es gracioso: Brian intentando ser comunista pero no demasiado para molarle a Rebecca Epstein, Brian poniéndose exfoliante facial con olor a melocotón antes de una cita, Brian sufriendo, básicamente, sufriendo por todos nosotros. Y es avergonzante por TODO aquello que uno hizo que es exactamente igual a lo que hace Brian TODO EL RATO a lo largo de la novela. Porque es tan fácil reconocerse en Brian que David Nicholls, el autor, logra que parezca fácil haber escrito el libro. Y ahí está el truco: cuando algo parece tan fácil, es bueno.

Recuerdo haber hablado con el autor sobre lo que significó quedarse en la ciudad dónde estudió demasiado tiempo. “Es como quedarse en una fiesta cuando toda la gente que te interesaba ya se ha ido”, dijo.

Sí, pienso. Irse de una buena fiesta cuando está en su apogeo es memorable. Y ahí vuelven infinidad de bromas privadas que no tienen nada que ver con mi trayecto en autobús en una Barcelona soleada y le contesto a K.: “¡Qué bien que te guste!”, y dejo para otro día acordarme de verdad.

(para Katherine, Roberto, Simon, Peter, Cristina, Nina, Jeff, Angelina, Caroline, Magali y Dan).

Audio: The Everlasting

Un lapsus

Soñé que ella era más joven y se había curado. Duró un segundo.

En mi sueño ella ya no tenía el pelo corto y ralo, su nariz era larga y estaba llena de pecas y sus ojos ya no eran de ese verde cenagoso, sino azules como el cielo.
Soñé que me contaba como había dejado de estar enferma, y me describía exactamente cuando había dejado de sentir dolor. “Pálpame el abdomen”, decía, y su rostro era puro y transparente, y sus manos ya no tenían surcos y su voz era dulce.

Soñé eso y me libré de la culpa, pude verla como una persona entera, libre, fuerte, y en esa extrañeza me desperté y yo volví a ser yo, una asesina.

Soñé que ella estaba bien y me alegré. Yo, que le había causado la muerte. Yo, que la había matado.

Quiero ser tu objeto ‘a’

Siempre he tenido el convencimiento de que si lo que te rodea es bueno para ti, haces mejor las cosas. Es una evidencia.

Leyendo en estos días sobre la diferencia entre goce y placer, entiendo por fin la idea de repetición. Leo: repetimos los actos por goce -ese estado de imposible satisfacción-, y  nos acercamos más y más a éste. Lo que nos salva de acabar en la locura ante ese acercamiento que podría no tener límite es el lenguaje, que actúa como barrera. En medio queda el vacío.

La repetición. Rodearse bien. El lenguaje.

Todo va junto.

Y luego me mandan este video, me echo a reír y me doy cuenta que nunca aprendemos del todo.  

Y aún así, todos nos exponemos siempre a repetir lo mismo. Hay quien se da cuenta y lo reconoce, aunque sea sólo a sí mismo. Quien no lo hace…qué lástima.

Y más

manos

Imposible resumir lo divertido que ha sido inaugurar el ciclo GIRLS ON FIRE, lo bien que nos lo pasamos y a dios pongo por testigo que pronto habrá un resumen de lo que hablamos durante los tres días en La Casa Encendida. Desde aquí, mil gracias de nuevo a Jara, Silvia, Jaron y Bea.

Y como esta es una buena semana y nos hemos portado muy muy bien, tengo el placer de presentar un libro espléndido, del que ya hablé aquí, este miércoles. He aquí la info:

El miércoles día 13 de marzo, a las 19.30, en la librería Taifa de Barcelona, la escritora argentina Ariana Harwicz presentará su novela “Matate, amor” junto a la periodista Lucía Lijtmaer y el editor de LdT Jorge Lago.

Vengan o no, insisto: el libro lo vale.